Fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas.
Antes de planificar cualquier actividad, es fundamental preguntarse: ¿Por qué quiero hacerlo? Esta pregunta nos lleva a conectar con la motivación profunda. Puede ser que queramos compartir un saber que nos apasiona, favorecer la expresión de otros, abrir espacios de diálogo, o generar comunidad. Tener clara esta motivación nos ayuda a sostenernos cuando aparezcan dificultades y a mantener coherencia entre lo que proponemos y lo que hacemos. ¿Para qué quiero dar un taller? El “por qué” se refiere a la motivación personal. El “para qué” apunta a la finalidad: al impacto que buscamos generar. Un taller puede proponerse para: Desarrollar habilidades concretas. Favorecer procesos de autoconocimiento. Generar cambios en la mirada y en la manera de relacionarnos. Abrir oportunidades donde antes no las había.